Los jóvenes envían fotos comprometidas por Internet
o el móvil sin ser conscientes de que pueden volverse en su contra.
El hombre detenido hace una
semana en Cádiz (España) por violar a una menor contactó con ella a través de
la red social de Internet Tuenti y luego la amenazó con enseñar las imágenes
comprometidas que ella le había enviado para conseguir la cita en la que presuntamente
cometió el abuso.
Los adolescentes utilizan de
forma creciente imágenes en las que aparecen medio desnudos o en actitudes
sensuales para ligar a través de las nuevas tecnologías. Y muchas veces esas
imágenes salen del contexto en que se hicieron o enviaron y se vuelven en su
contra con consecuencias perjudiciales o incluso trágicas.
Tan dramáticas como lo fueron
para Tiri, el niño de 11 años que se suicidó en Puerto Real (Cádiz) después de
que su acosador distribuyera entre todos sus amigos las fotografías en que
aparecía semidesnudo. O el caso de Jesse Logan, la estadounidense de 18 años
que se ahorcó en su habitación algunos meses después de haberle enviado una
fotografía comprometida al que entonces era su novio. Cuando se acabó la
relación, él pasó la imagen a sus compañeros del colegio.
El
origen de todas estas situaciones es el envío de fotografías muy personales a
gente que a veces ni conocen o que pueden estar simulando ser otra persona. Los
más expuestos son los jóvenes entre 13 y 17 años, según Jorge Flores, director
de Pantallas Amigas, una web de promoción de la seguridad de los
jóvenes en las nuevas tecnologías. “Lo hacen para ligar, coquetear, o
simplemente relacionarse y divertirse. Otras veces lo hacen por la presión del
grupo, el sentimiento de pertenencia o el deseo de transgredir. Pero, en
general, no ven las consecuencias. No creen que las imágenes vayan a salir.
Pero salen, algunas veces, incluso, como una broma”, afirma Flores.
El psicólogo Javier Urra,
primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, corrobora la motivación de
los adolescentes. “Es una manera de sentirse aceptados en el mundo virtual,
consideran que es su forma de hablar y que los adultos se asustan porque no las
entienden. Es su espacio de autonomía, su mundo íntimo”. El 85% de los menores
entre 10 y 15 años conectados a Internet, según un reciente estudio del
Observatorio de la Seguridad de la Información, responde que no sabría qué
hacer ante un caso de acoso en la Red, indica Urra.
La
última práctica de riesgo a la que se ha dado nombre es el sexting, o envío de este tipo de fotografías a
través del teléfono móvil. Jorge Flores cree que, en este caso, “el problema es
mayor porque hay menos percepción de riesgo y los adolescentes tienen muy poca
cultura de la privacidad”. El psicólogo cree que, para los nativos
tecnológicos, manejar conceptos como la privacidad de lo personal es muy
complicado: “Creo que habrá un efecto rebote y se estabilizará, pero se
necesita tiempo”.
La historia puede acabar mal
pero, aun sin ser así, es necesario fomentar la prevención. El envío o tenencia
de fotografías comprometidas de menores “constituyen un delito de pornografía
infantil, aunque sea entre los propios menores”, asegura el director de
Pantallas Amigas, quien añade que se pueden generar importantes sanciones, que
pueden ser económicas o incluso llevar al internamiento en un centro de
menores.
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